f

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Los medici



El Renacimiento es una de las épocas históricas más ricas que podamos conocer. Rica en todos los sentidos: historias llenas de intrigas palaciegas, guerras por el control de extensos territorios, la iglesia como dominadora de almas, conciencias y ejércitos y, el arte, sobre todo el arte. Época en la que coincidieron grandes artistas de la pintura, la escultura, la arquitectura y las letras, que nos dejaron un legado que todavía hoy sigue impresionando.
No se entendería el Renacimiento sin hablar de los Medici. Mecenas de la mayoría de esos grandes artistas que se disputaban el favor de la familia. Coleccionistas de arte y apoyo de movimientos transgresores que llegaban para romper conceptos ya asumidos sin mucha discusión. Una familia que dominó Florencia desde sus inicios como banqueros y que posteriormente controlaron todo el territorio de la Toscana como políticos, hasta llegar a Roma como papas. Pero también, debido a su gran poder, fueron víctimas de grandes conspiraciones y asesinatos orquestados por otras familias florentinas y parte de la iglesia que les disputaban tal dominio.
Los Medici han sido tema central de muchos libros basados en las distintas generaciones de la familia; historias inspiradas por la tumultuosa vida de sus integrantes. A continuación, les ofrecemos un relato inédito sobre esta familia.                                                                                                                                  
                    

A continuación os dejamos otros relatos e historias publicados en el blog ambientados en la esplendorosa época del renacimiento….   

                                                                                
                                                                                


domingo, 27 de noviembre de 2016

lunes, 14 de noviembre de 2016

Aquí me escribo





     Esta no es una carta llena de lamentos.
     Esta no es una carta que espera por respuestas.
     Esta no es una carta que expresa alegría.
Sencillamente…
Esta, es una carta. No fue pensada para nadie, me la dedico a mi memoria. 
Caluroso 10 de abril, cada moneda en mi bolsillo pesaba como 20 gramos de añil pero en términos jocosos, “eso no vale lo que pesa”. En su mera existencia, en mis bolsillos cargaba nada, pero resulta que la nada también tiene un peso.
El valor de las cosas me lo enseñó mi madre cuando dejó que se quebrara mi vaso favorito, puso en mis manos cinta adhesiva, pega de barra vieja, un gel fijador y un molde de circunferencia. Un set de herramientas poco útiles en separado, pero juntas eran la respuesta a mi predicado. Pensé.
En ese vaso preferido disfrutaba de mis limonadas caseras, de esas que le colocas rodajas del cítrico para agregarle “fuerza” al sabor, que más allá de solo refrescar, te nutriera bajo el arduo sol de la sequía del mes de abril. 
Cada tarde de mi juventud se asocia en una serie de recuerdos que saben a limón dulce, acompañado con el toque de torta de pan que hacía mi abuela por las tardes a las 4pm, un clásico que atesorar seguro.
Mi infancia fue sencilla. Poco sufrimiento, desilusiones del crecer, revelaciones al paso del tiempo y proyección con pubertad cercana entre un espacio y otro. Vida simple, pensaba.
Lo único que siempre me ha jodido la paciencia ha sido el espíritu de la emoción, el carácter espeso del sentimentalismo. Emociones que se desbordan en diferentes direcciones, tediosas en ciertas situaciones, hermosas y exquisitas a lo largo del destino. Pero siempre cargadas de poder, control y descontrol. Un caos bien edificado.
Desde el final de mi pasado, y en el continuo de este presente me siento orgulloso de haber acumulado fragmentos de consciencia. Un conjunto de piezas disparejas que hoy en día me facilita el reto de vivir la vida en plenitud, evitando aquél encierro y el desalojo latente de la eternidad incierta del mañana.