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miércoles, 21 de septiembre de 2016

El mejor hombre #DiaMundialDelAlzheimer



Escondía cosas antes de dormir. A la mañana siguiente, no es que olvidara dónde las había escondido, sino que no recordaba siquiera que las había escondido. Siendo así, para su raciocinio: alguien se las había quitado. En la habitación de al lado dormía uno de sus hijos, el varón menor, que más le cuidaba porque vivía con él. Así que el hombre, padre y abuelo dedujo que su hijo le robaba por la noche mientras él dormía. Otros dos hijos venían de día a verle y a cuidarlo también. Y a ellos se atrevió a confesar sus deducciones: “Vuestro hermano me quita cosas cuando estoy durmiendo”. Después las sospechas se convertían en acusaciones directas al hijo que lo cuidaba: “Jamás pensé que ibas a tener tan poca vergüenza. Eso es ser malo, robarle a un padre, ¿me quieres decir dónde está mi correa?”. La correa o cinturón de pantalón era uno de los muchos ejemplos o cosas que se perdían de vista, para el padre que su hijo las robaba, para el hijo que el padre las escondía y después no se acordaba.


Su hijo prefería seguirle la corriente en todo lo que podía, pero a veces no podía, y le decía: “Papá, no escondas las cosas, si quieres tener una buena vejez, no escondas las cosas, déjalas a la vista, que nadie te las va a quitar”. Después buscaba o reponía el objeto “robado”. La casa era grande con mucho mobiliario, ropas, adornos, etc…, así que el hijo no siempre encontraba lo que escondía el padre. Con la correa, por ejemplo, tuvo que comprarle otra. Una correa nueva… Pero si el hijo le había robado una correa usada también lo haría, o más lo haría, con la nueva, así que mejor esconderla… A la mañana siguiente comenzaba la historia de nuevo, la del hijo ladrón. Durante la cena, sin embargo, el padre le contaba al hijo aventuras de su juventud. Historias que el hijo había escuchado veinte o treinta veces, pero que solía disimular como si fuera la primera vez. Y juntos sonreían e incluso reían.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Los extreminadores



LOS EXTERMINADORES

Hubo dos amigo durante la Segunda Guerra Mundial  muy poco conocidos para el público en general: Frederick Lindemann y Arthur Harris, ambos eran ingleses, el primero a pesar de su apellido porque tenía un padre alemán; emigró a Inglaterra desde muy pequeño y pasado el tiempo se hizo muy amigo de Sir Winston Churchill. Lindemann era superdotado, inventó un motor aeronáutico sin fallos para la aviación inglesa moderna, y lo perfeccionó para que aguantase los giros bruscos en el aire, para probarlo el mismo decidió pilotar el avión  experimental. Sobresalía en física, química y economía, y especialmente era un genio de las matemáticas aplicadas. Cuando estalló la guerra Winston Churchill lo convirtió en su ayudante personal para los asuntos de la guerra. Lindemann creó la primera matriz gráfica donde se resumía la producción industrial y costes de un país entero, poniendo los cimientos de la economía planificada moderna, de esta forma Churchill podía ver la evolución del conflicto de un solo vistazo, en gráficas económicas y matrices de producción.

Pero cierto día, Lindemann se interesó por los informes de bombardeo de la RAF, y vio que los mismos hablaban que 2/3 de la carga de bombas del mando de bombardeos, no conseguía destruir las instalaciones de producción industrial alemana. En el preciso instante que Frederick estaba estudiando este informe, se produjo durante la batalla de Inglaterra un hecho fortuito, unos bombarderos ingleses se desviaron de su ruta y dejaron caer sin intención sus bombas sobre un suburbio berlinés. Hitler se lo tomo a pecho y el pacto de caballeros que impedía bombardear ciudades se extinguió, al día siguiente Londres era bombardeada. Lindemann acabó su reflexión acerca del informe de la escasa efectividad de los bombardeos ingleses, y lo presentó en un documento bajo el nombre “Dehousing Policy”. ¿Qué venía a decir ese nuevo informe? Pues, era sencillo hasta para un niño perverso, explicaba con números que el sistema de bombardear las industrias y unidades militares no acabaría causando un daño completo a Alemania, que había muchas probabilidades de errar blancos tan concretos, así que proponía cortar la producción económica alemana, destruyendo las casas de los obreros de la fábricas, con ellos dentro, sin obreros las fábricas se pararían, y emitió un dictamen donde proponía bombardear las ciudades de día y de noche, de más de 100.000 habitantes haciendo hincapié en destruir barrios de civiles, y sus infraestructuras como mercados, colegios o cines. En especial decía, deben destruirse a conciencia las barriadas residenciales.